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EL FLAGELO DEL HAMBRE

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Grabado de Levinus Hulsius, con el Fuerte Santa María del Buen Ayre, donde se puede observar la horca en la cual fueron ajusticiados los tres soldados que robaron y mataron a un caballo para comer en circunstancias se padecía de gran hambruna; vista de sus viviendas.

EL FLAGELO DEL HAMBRE

EN LA PRIMERA FUNDACIÓN DE BUENOS AIRES Y SU POSTERIOR DESTRUCCIÓN.

Grabado de Levinus Hulsius, con el Fuerte Santa María del Buen Ayre, donde se puede observar la horca en la cual fueron ajusticiados los tres soldados que robaron y mataron a un caballo para comer en circunstancias se padecía de gran hambruna; vista de sus viviendas.
Grabado de Levinus Hulsius, con el Fuerte Santa María del Buen Ayre, donde se puede observar la horca en la cual fueron ajusticiados los tres soldados que robaron y mataron a un caballo para comer en circunstancias se padecía de gran hambruna; vista de sus viviendas.

 

Después de la batalla con los Querandíes el 19/02/1536 que arrojó la cruel matanza de más de mil hombres de ese pueblo originario y dio origen al nombre de nuestro Municipio, “La Matanza”, los conquistadores regresaron a Santa María del Buen Ayre, empleándose a la gente en los trabajos de construcción del fuerte. El sitio elegido fue en el barrio de la Boca, en la Vuelta de Rocha, en la manzana comprendida por las actuales Avda. Pedro de Mendoza, Puerto de Palos, Martín Rodríguez y Gral. Aráoz de Lamadrid de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Primera manzana original.

La gente no tenía con qué alimentarse, se moría de hambre y padecía gran escasez, al extremo que los caballos no podían ser utilizados. Fue tal la pena y el desastre que no bastaron ni ratas ni ratones, víboras ni otras sabandijas; hasta los zapatos y cueros, todo tuvo que ser comido.

Los españoles pasaban muchísimas y graves necesidades llegando a comer lo inimaginable, alcanzando inclusive la antropofagia (comer carne humana) y la coprofagia (ingestión de excrementos). Todo ello produjo innumerables bajas por hambrunas y serias enfermedades infecciosas. Sucedió que tres soldados robaron un caballo y lo comieron a escondidas. Cuando esto se supo se los aprendió y se les dio tormento para que confesaran. Se pronunció la sentencia que los ajustició colgándolos de la horca. Por la noche, otros cortaron muslos y trozos de sus cuerpos y los comieron. Uno de ellos ingirió la propia carne de su hermano muerto.

Pedro de Mendoza juzgó que no podría mantener así a su gente y ordenó el armado de bergantines y botes y con trescientos cincuenta hombres con sus arcabuces y ballestas navegaron aguas arriba por el Paraná para lograr alimentos y provisiones.

Ocurrió que cuando los indios veían a los españoles, utilizaron la estrategia de quemar y destruir sus alimentos huyendo luego. De ese modo los soldados no encontraban nada que comer;  apenas se le proporcionaba a cada uno diariamente, tres medias onzas de bizcocho. En este viaje que duró dos meses murió de hambre la mitad de esa gente y tuvieron que regresar al fuerte con sus manos vacías. Continuará

                                                                                 Colaboración Rubén Oscar Ponce

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